Desde el amanecer en Tuquillo hasta el cierre sobre la Panamericana Norte, la octava edición del Triatlón Huarmey no solo puso a prueba el físico de los atletas, sino que también encendió la economía y posicionó a la “Ciudad de la Cordialidad” como destino deportivo.
A las cinco de la mañana, cuando la luz apenas comenzaba a dibujar la costa de Áncash, Huarmey ya estaba en movimiento. Bicicletas alineadas, trajes de neopreno listos y más de 350 atletas con la misma idea en la cabeza: resistir.



La playa Tuquillo fue el punto de partida de una jornada que mezcló exigencia física, estrategia y paisaje. No era solo una competencia más. Era la octava edición del Triatlón Huarmey y, con ella, la confirmación de que este evento ya juega en otra liga dentro del calendario nacional.
El recorrido no dio tregua. Natación en mar abierto, transición rápida a la bicicleta y luego el asfalto: la Panamericana Norte, cerrada especialmente para la ocasión, se convirtió en una pista de velocidad donde cada segundo contaba. Sprint y Super Sprint, dos formatos que obligaron a los competidores a llevar su cuerpo al límite desde el inicio.
En esa batalla contra el reloj, Brener Valencia se quedó con el primer lugar en la categoría masculina con un tiempo de 1:01:55, mientras que Naomi Espinoza dominó en damas con 1:13:59. En postas, los mejores fueron David Mozo (1:21:06) y Nancy Trejo (1:37:24), destacando en una modalidad que exige sincronía perfecta entre equipo.


Pero el impacto del evento fue más allá del cronómetro.
Durante el fin de semana, Huarmey no solo recibió deportistas. Recibió visitantes, movimiento, consumo. Hoteles llenos, restaurantes activos y transporte en constante circulación. Se estima que la competencia generó más de medio millón de soles en la economía local, una cifra que explica por qué el deporte también puede ser motor de desarrollo.
La apuesta por este tipo de eventos, impulsada por organizadores como BKO Sports y Más Outdoor junto al apoyo institucional y privado, empieza a consolidar a Huarmey como algo más que un destino de paso: un punto en el mapa para el turismo deportivo en el Perú.
Y mientras los últimos competidores cruzaban la meta, ya no se hablaba solo de tiempos o posiciones. Se hablaba de lo que viene.
Porque cuando una ciudad se acostumbra a este ritmo… es difícil que quiera detenerse.
